Carta de un restaurante sobre la mesa junto a dos platos

Página web para restaurantes: 7 errores que te quitan comensales

La web de un restaurante tiene tres trabajos. Enseñar la carta, dejar reservar y decir cómo se llega.

Y los tres hay que poder hacerlos con una mano, en la calle, a las dos menos veinte y con gente esperando.

Casi ninguna lo consigue. No por fea —muchas son bonitas—, sino porque están pensadas para verse en un ordenador con calma. Y ahí no las mira nadie.

El error que cuesta más que los otros seis juntos

Voy a empezar por el final, porque si solo lees un apartado quiero que sea este.

La carta en PDF.

Tarda en abrirse, se descarga a saber dónde, sale minúscula y hay que hacer zoom y arrastrar para leer los precios. La mitad de la gente la cierra sin terminar de verla. Eso ya sería suficiente motivo.

Pero hay una segunda pérdida, y esa es invisible: Google no puede leer lo que hay dentro de ese archivo. Si tu carta está en texto, todos los platos que haces pasan a ser motivos por los que aparecer. Quien busca «arroz a banda» o «tarta de queso» cerca puede acabar en tu web. Con la carta en PDF, esas búsquedas no existen para ti.

Dónde se pierden las reservas

De cada 100 que entran en la web de un restaurante a la hora de decidir dónde comer.

Entran en la webquedan 100 de 100
Buscan la cartaquedan 71 de 100
Consiguen leerlaquedan 38 de 100

Esta caída es la carta en PDF. El resto de la web puede estar impecable y la pierdes aquí.

Reservanquedan 12 de 100

Estimación de sector. Sirve para ver el orden de magnitud, no para cerrar un presupuesto.

Una tarde de trabajo. Es el arreglo con mejor retorno de toda la lista y el que menos gente hace.

Los otros seis

El botón de reservar no está a la vista

Si hay que bajar o abrir el menú para encontrarlo, no existe. Va arriba, fijo, visible desde el primer segundo y en todas las páginas. Al lado, el teléfono pulsable, porque mucha gente —sobre todo para hoy mismo o para grupo— prefiere llamar.

Y si tu sistema de reservas pide registrarse antes de elegir hora, estás perdiendo gente en el último paso. Nombre, teléfono, hora y comensales. Nada más.

El horario escondido o sin actualizar

La primera pregunta de quien te mira a las siete de la tarde de un martes no es qué cocinas. Es si estás abierto.

Que coincidan web y ficha de Google, que estén los festivos y las vacaciones, y que se vea el descanso semanal. Un cliente que se planta en la puerta un lunes que cierras no vuelve. Y lo cuenta.

Fotos de banco en vez de tus platos

Ese plato de pasta perfecto con la hoja de albahaca encima no es tuyo, y se nota. Las fotos de catálogo hacen lo contrario de lo que se pretende: quien las ve ya las ha visto en otras cinco webs.

Con el móvil y luz de mediodía basta. Junto a una ventana, sin flash, desde arriba o a la altura del plato. Diez platos reales, la sala llena un viernes, la terraza a las nueve. Media hora de trabajo que te sirve para la web, para la ficha de Google y para redes.

No se dice cómo llegar ni dónde aparcar

Parece una tontería y decide comidas enteras. Si estás en un casco antiguo, en zona de aparcamiento regulado o en un sitio de difícil acceso, cuéntalo: dónde hay parking, si es de pago, cuánto cuesta, qué autobús para al lado.

El que duda entre tú y otro se queda con el que le ha quitado esa pereza.

Tarda cuatro segundos en abrir

Suele ser lo mismo siempre: un vídeo de fondo en la portada y fotos de cinco megas sin comprimir. Precioso en el ordenador del diseñador, inservible con datos en la puerta de tu propio local.

Pruébalo tú: quítale el wifi al móvil y abre tu web. Si te impacientas, ya has perdido a la mitad. Es además una de las señales de experiencia de página que Google mide.

Nada de menú del día, grupos ni celebraciones

Aquí se pierde el dinero grande. La comida de empresa de doce, la comunión, la cena de Navidad de una oficina. Reservas de mucho ticket, y quien las organiza busca exactamente eso.

Cada una merece su página: menú del día con precio y horario, menús de grupo con opciones cerradas, celebraciones con capacidad y condiciones. Es el contenido que menos restaurantes tienen y el que mejor convierte, porque llega gente que viene con la tarjeta en la mano.

¿Cuántas reservas se te quedan por el camino?

Pon tus dos cifras y marca los fallos que reconozcas. Abajo te sale lo que se está quedando por el camino.

Marca lo que pase en tu web hoy

100/100
0Reservas al mes que saca tu web hoy
0Reservas al mes con los fallos arreglados
0 €Facturación que se queda por el camino al año

Estimación orientativa: parte de una conversión de referencia del 5 % en webs de restaurante, descuenta lo que cada fallo se lleva por delante y aplica una media de 2,2 comensales por reserva. Sirve para ver el orden de magnitud y por dónde empezar, no para cerrar un presupuesto.

Si te sale una nota por debajo de 70, la gente te encuentra y se va antes de reservar.

Quiero que revisen mi web

¿Necesito web si ya tengo Instagram y ficha de Google?

Necesitas un sitio tuyo donde esté la carta en texto y se pueda reservar. Puede ser sencillo, pero tiene que ser tuyo: en Instagram no controlas ni el orden ni la permanencia de nada, y la ficha de Google no te deja explicar los menús de grupo. Ahora bien, si tu web es solo un escaparate bonito sin carta legible ni botón de reservar, entonces sí: efectivamente sobra.

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Por dónde empezaría yo

PASO 1La carta a textoUna tarde. El arreglo con más retorno de la lista.
PASO 2Botón de reservar arribaUn rato. Fijo y en todas las páginas.
PASO 3Diez fotos realesMedia hora con el móvil y luz de mediodía.
PASO 4Menú del día y gruposDos o tres meses. Aquí está el ticket alto.

Si quieres el plan entero —mapa, reseñas, web y sala— está en cómo conseguir más clientes para tu restaurante. Y ten claro que la web es la mitad del trabajo. En hostelería buena parte de la decisión se toma en el mapa, antes de que nadie entre en tu página. Si no sales ahí, el orden de prioridades es otro: está en por qué tu restaurante no aparece cuando buscan dónde comer.

Si te toca rehacerla, tienes los precios de mercado por tipo de web en cuánto cuesta hacer una página web.

Preguntas rápidas

¿Pongo los precios de la carta?

Siempre. La carta sin precios genera desconfianza y hace que mucha gente ni se plantee ir. Y si los subes, los cambias: una carta desactualizada es peor que no tenerla.

¿Qué sistema de reservas uso?

El que menos pasos pida y se vea bien en el móvil. Si además te deja guardar el contacto del cliente para avisarle de eventos, mejor. Lo importante es que reservar cueste menos de un minuto.

¿Merece la pena tener blog?

Solo si es de tu casa y de tu zona: el producto de temporada, el mercado, la fiesta del pueblo, tu plato estrella contado por el cocinero. Lo genérico sobre gastronomía no trae a nadie a comer.

¿Y si vendo por Glovo o Just Eat?

Son otro canal y conviven bien. Pero la carta de tu web sigue siendo tuya y es la que te posiciona: en la app no hay nada que Google pueda enseñar cuando alguien busca tu plato.

¿Cuánto tarda en notarse?

La carta en texto y el botón de reservar se notan casi de inmediato sobre la gente que ya entra. Las páginas de menú del día o grupos tardan unos meses, pero son las que suben el ticket medio.


Jorge Romero

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