La mayoría de webs de despacho están hechas para gustarle a otro abogado.
Tipografía seria, una foto de la biblioteca, «más de veinticinco años de experiencia», las áreas en una lista ordenada. Impecable. Y al otro lado hay una persona con una carta de despido en la mano, en el móvil, en la calle, que no busca un despacho serio: busca a alguien que entienda lo que le acaba de pasar.
Ese desajuste es el noventa por ciento del problema. Lo demás son detalles.
La prueba de los diez segundos
Antes de seguir leyendo, haz esto. Se tarda menos que en preparar un café.
Coge tu móvil, quítale el wifi y abre tu web como la abriría un cliente en la calle. Cuenta hasta diez. Al llegar a diez, párate y responde a tres preguntas:
- ¿He visto un teléfono sin tener que bajar?
- ¿Sé si este despacho lleva mi problema concreto?
- ¿Sé quién me va a atender?
Si alguna es que no, ya tienes por dónde empezar. Y si la web todavía estaba cargando cuando llegaste a diez, empieza por ahí.
Los siete fallos, por lo que cuesta cada uno
Los he ordenado por lo que se llevan por delante, no por lo fácil que son de arreglar. El primero es el más caro de todos y se arregla en una tarde.
1. El teléfono escondido en el pie
Quien acaba de recibir una inspección de Hacienda no rellena formularios. Llama. Si para encontrar tu número hay que hacer scroll hasta el final, has perdido la mitad de las llamadas antes de empezar.
El número va arriba, siempre visible, y en el móvil tiene que marcar solo al tocarlo. Al lado, una línea que quite el miedo a llamar: si la primera consulta se cobra y en qué horario contestáis de verdad. Esa frase vale más que el eslogan de la portada.
2. Hablar del despacho antes que del problema
«Somos un despacho multidisciplinar con un equipo de profesionales altamente cualificados.» Esa frase está en media España y no dice nada.
Al que entra le da igual tu trayectoria en el primer párrafo. Quiere leer lo suyo con sus palabras: «me han despedido y no sé si la indemnización está bien», «ha fallecido mi padre y hay que repartir», «quiero divorciarme y tenemos un niño pequeño». Cuando alguien lee su propia situación escrita con precisión, da por hecho que sabes resolverla. Los años y los másteres van después, cuando ya te está leyendo.
3. Todas las áreas en la misma página
Una página de «Áreas de práctica» con doce especialidades no convence de ninguna ni posiciona por ninguna.
Cada área que de verdad te da trabajo necesita su propia página. Laboral, familia, herencias, penal, extranjería. Con su texto, sus preguntas y su formulario. Es lo que te hace aparecer cuando alguien busca «abogado herencias» y tu ciudad, y es lo que hace que el que llega sienta que está en el sitio correcto y no en un directorio.
Dónde se pierden las consultas
De cada 100 personas que entran en la web de un despacho medio.
Aquí está el salto grande. Lo provocan los fallos 1, 3 y 6.
Estimación de sector, no un dato de Google. Sirve para ver el orden de magnitud y por dónde empezar.
4. No se ve quién te va a atender
Contratar a un abogado es contratar a una persona. Si en la web no hay una cara, un nombre y un número de colegiado, le estás pidiendo un acto de fe a alguien que se juega su dinero o algo peor.
Las fotos de banco se notan. El señor con traje y balanza dorada, la pareja dándose la mano delante de un ventanal. Eso no genera confianza: genera la sospecha de que detrás no hay nadie. Una foto real del equipo en vuestro despacho, aunque la luz no sea de estudio, rinde muchísimo más.
5. Ni una prueba de que resuelves casos
Los despachos son reacios a enseñar resultados y se entiende: está el secreto profesional de por medio. Pero entre no decir nada y vulnerar la confidencialidad hay muchísimo terreno.
Puedes publicar reseñas de Google, casos anonimizados por tipo de asunto y resultado, sentencias con los datos tapados, cuántos procedimientos lleváis al año en un área. Cualquier cosa que demuestre que esto no lo abriste el mes pasado. Si no tienes nada de eso, el trabajo empieza antes: en conseguir reseñas sin comprometer el secreto profesional.
6. Un formulario que parece la declaración de la renta
Nombre, apellidos, DNI, teléfono, correo, dirección, población, código postal, tipo de asunto, descripción detallada y dos casillas. Eso no es un formulario: es una barrera.
Con tres campos basta. Nombre, forma de contacto y qué le pasa. Lo demás se pregunta hablando. Y debajo del botón, una frase que diga qué ocurre después: «te llamamos el mismo día laborable». Sin eso, mucha gente no envía por no saber a qué se expone.
7. Tres segundos largos para abrir
Aquí no hay matices. Si tu web tarda desde un móvil con datos, pierdes visitas antes de que nadie lea una palabra. Y además es una de las señales de experiencia de página que Google mide.
El motivo suele ser el mismo en todos los despachos: una plantilla comprada llena de animaciones, un carrusel de fotos gigantes en la portada y cuatro plugins que no usa nadie.
¿Cuántas consultas se te quedan por el camino?
Pon tus dos cifras y marca los fallos que reconozcas. Abajo te sale lo que se está quedando por el camino.
Marca lo que pase en tu web hoy
Estimación orientativa: parte de una conversión de referencia del 3 % en webs de despachos, descuenta lo que cada fallo se lleva por delante y aplica una tasa de cierre del 30 % de las consultas que entran. Sirve para ver el orden de magnitud y por dónde empezar, no para cerrar un presupuesto.
Si te sale una nota por debajo de 70, no necesitas más visitas: necesitas que las que ya tienes no se vayan.
¿Y esto se arregla con una web nueva?
Casi nunca. Seis de los siete se corrigen sobre la web que ya tienes, en días. El error caro viene después: gastarse ocho mil euros en una web nueva que repite los mismos siete fallos con otra tipografía. Si alguien te presupuesta un rediseño sin haberte preguntado antes de dónde vienen tus clientes, desconfía.
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Por dónde empezaría yo
Teléfono visible y pulsable. Formulario corto con promesa de respuesta. Una página por cada área fuerte. Caras y nombres.
Con eso hecho, la web deja de ser el cuello de botella y el problema pasa a ser otro: cuánta gente llega. Y ese ya no se arregla con diseño. El plan entero, de dónde salen los casos y en qué orden atacar cada canal, está en cómo conseguir más clientes para tu despacho. Si es tu caso, el punto de partida está en por qué tu despacho no aparece en Google.
Preguntas rápidas
¿Y si mis clientes vienen todos por recomendación?
Mejor todavía, porque el recomendado también te busca en Google antes de llamar. Quiere comprobar que existes y que pintas serio. Una web pobre no te quita solo a los desconocidos: enfría a los que te llegan avalados.
¿Puedo publicar casos que he ganado?
Anonimizados, sí. Sin nombres, sin datos identificables y sin prometer resultados. «Despido improcedente en empresa del metal: readmisión y salarios de tramitación» informa mucho y no compromete a nadie.
¿Blog sí o blog no?
Solo si vas a mantenerlo. Un blog con tres entradas de 2021 resta. Si no hay tiempo, esas horas rinden más dejando impecables las páginas de tus áreas fuertes.
¿Cuánto tarda en notarse?
Los arreglos de conversión se notan en semanas, porque actúan sobre la gente que ya entra. Lo que tarda es que entre más gente: ahí hablamos de meses.
¿Cuánto cuesta una web así?
Depende de si partes de cero o de si se puede arreglar la que tienes, que es lo más habitual. Antes de pedir presupuesto, haz la prueba de los diez segundos: te va a decir si necesitas una web nueva o tres tardes de trabajo.
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